Una [discutible] costum molt vella
12/07/08
«Casi al mismo tiempo Bonden trajo la correspondencia. Dejó en el suelo la bolsa que la contenía, una bolsa de cuero negro con una placa de latón con el nombre de Ashgrove Cottage grabado, en el momento en que los niños, su abuela y los sirvientes salían de la habitación, y se excusó por llegar tarde diciendo que aquel día tenía lugar el mercado allí abajo. Era un mercado de caballos y ganado.
—Seguro que estaba muy lleno.
—Abarrotado, señor. Pero encontré al señor Meiklejohn y le dije que usten no iría a su oficina hasta el sábado.
Bonden vaciló. Entonces Jack [Aubrey] le miró inquisitivamente y él continuó:
—La verdad es que Killick hizo una compra, una compra legal, y me pidió que fuera el primero en decírselo, Su Señoría.
—¿Ah, sí? —preguntó Jack abriendo la bolsa—. Un jamelgo, seguramente. Le deseo que le saque provecho. Puede dejarlo en el establo viejo.
—No es exactamente un jamelgo, señor, aunque estaba atada con un cabestro. Si me permite decirlo, tiene dos piernas y una falda. Es una esposa, señor.
—¿Para qué demonios quiere una esposa? —preguntó Jack asombrado.
—Bueno, señor —respondió Bonden enrojecido y apartando la vista de Sophie—, no lo sé muy bien, pero se compró una legalmente. Parece que ella y su esposo no estaban de acuerdo, por eso él la llevó al mercado atada con un cabestro. Y Killick la compró legalmente: depositó las monedas a la vista de todos y dió un apretón de manos. Había tres a escoger.
—¡Pero no se puede vender a una esposa…! ¡Eso es tratar a las mujeres como si fueran ganado! —exclamó Sophie—. ¡Qué vergüenza! ¡Eso es una barbaridad, Jack!
—Parece un poco raro, però es una costumbre, ¿sabes?, una costumbre muy vieja.
—Pero, indudablemente, no permitirás algo tan horrible, capitán Aubrey.
—Bueno, por lo que se refiere a eso, no quisiera ir en contra de la costumbre ni del derecho consuetudinario, a menos que existiera algún impedimento o, como dicen, algún aspecto ilegítimo. ¿Qué seria de la Armada si no siguiéramos las costumbres? Hazle pasar.
—Bueno, Killick… —dijo cuando tuvo frente a él a la pareja formada por su despensero, un hombre de mediana edad, feo, alto y delgado, con un aspecto más extraño de lo habitual debido a la vergüenza que sentía, y una joven de ojos negros muy vivaracha, un auténtico placer para cualquier marinero—. Bueno, Killick, espero que no vayas al matrimonio de forma precipitada, sin pensarlo bien. El matrimonio es algo muy serio.
—¡Oh, no, señor! Lo he pensado bien. Lo he pensado durante casi veinte minutos. Había tres para escoger, y ésta —dijo, mirando cariñosamente a su adquisición— era la mejor del grupo.
—Pero Killick, , ahora que lo pienso, tenías una esposa en Mahón. Me lavaba las camisas. No debes cometer bigamia, ¿sabes? Eso es infringir la ley. Tenías una esposa em Mahón.
—Tenía dos, Su Señoría; la otra estaba en Wapping Dock. Pero no eran fijas, ni con certificado… usted ya me entiende, señor. No las había comprado legalmente, con el cabestro en la mano.
—Bueno —dio Jack—, supongo que querrás incluirla en la servidumbre, pero primero tendrás que presentarte ante el párroco. Vete enseguida a la rectoría.
—Sí, sí, señor —dijo Killick—. A la rectoría.»
Extret del llibre Isla Desolación de Patrick O’Brian.

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